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La inicia­tiva de la línea Santander-Mediterráneo la tuvieron las Diputaciones de Santander, Burgos, Soria y Zaragoza. Y bajo las siglas “S.M.” el objetivo era unir los puertos marítimos de Santander y Valencia. El trazado se planteó para ser cubierto por dos compañías ferroviarias. Por una parte, la Compañía del Ferrocarril Central de Aragón, cuyo trazado entre Calatayud y Sagunto fue inaugurado en el año 1901. Y por otra, la Compañía del Ferrocarril Santander-Mediterráneo. El proyecto fue aprobado por el Gobierno en 1913, siendo realizado el tendido de las vías entre Calatayud y Cidad de Valdeporres (pequeña población al norte de la provincia de Burgos) entre 1925 y 1930, en una longitud de 367 kilómetros.

El 23 de octubre de 1929 el general Primo de Rivera acudió a Calatayud, acompañado por el rey don Alfonso XIII, para inaugurar el tramo hasta Soria. El objetivo inicial de alcanzar la ciudad de Santander no se consiguió nunca, siendo paralizadas las obras, antes y después de la guerra civil, en numerosas ocasiones. A pesar de la construcción del Túnel de Engaña entre Cantabria y Burgos, que con sus casi siete kilómetros de longitud nunca llegó a tener uso, el proyecto fue paralizado definitivamente en el año 1959.

En enero de 1985 la línea se cerró al tráfico de pasajeros. Durante los siguientes años todavía circularon algunos convoyes de mercancías en algunos tramos. En el año 1995 el gobierno autorizó el levantamiento de la vía, siendo la mayor parte de la línea desmantelada progresivamente.

El único legado que resta del paso del ferrocarril por la ribera del Ribota son unos edificios ruinosos a los pies del antiguo trazado. Desde la carretera nacional entre Calatayud y Soria es fácil avistar los terraplenes y trincheras construidos para suavizar el recorrido por donde discurrían los convoyes. Con el paso del tiempo la vegetación se ha ido adueñando del terreno, volviendo a hacer suya la obra del hombre. A pie de vía, tras haberse retirado los raíles y la mayoría de los travesaños de madera, sólo queda una plataforma donde los únicos testigos del paso del tren son las piedras de cuarcitas, basaltos y granito de un tamaño entre 3 y 6 centímetros, que reciben el nombre de balasto, así como los hitos que marcan los puntos kilométricos del trazado.

Seguro que en la memoria de numerosas personas todavía quedan muchas vivencias en sus viajes a la gran capital, Calatayud, a donde ir a realizar compras, gestiones o simplemente en busca del ocio con el que no contaban en los pequeños pueblos. Décadas de historias que poco a poco van desvaneciéndose con el paso del tiempo, al igual que se van desmoronando las estaciones a las que los vecinos de los pueblos acudían ilusionados para coger el tren.

Desde Malanquilla Rechita queremos realizar un recorrido visual por las estaciones del ferrocarril de la línea Santander-Mediterráneo entre Calatayud y el límite con la provincia de Soria, mostrando su estado actual. Una arquitectura singular, a la par que funcional. Construcciones cuya antigüedad no supera el siglo, pero que apenas estuvieron en funcionamiento 55 años. Desde el cierre de la línea, el abandono progresivo hace que este patrimonio ferroviario, en avanzado estado de ruina, vaya camino de la desaparición total. Un buen ejemplo de ello es la ya desaparecida estación de Villarroya de la Sierra. El proyecto de la vía verde podría suponer la revitalización del recorrido para uso de bicicletas, formando parte de una de las rutas ciclistas de este tipo más largas de la Península Ibérica. Sin embargo, este tipo de intervenciones, desafortunadamente, no suele acompañarse de la rehabilitación de las estaciones. ADIF, como heredero de las infraestructuras de RENFE, sigue siendo el propietario de estos inmuebles, pero sin mostrar interés alguno en ellas. La única solución posible para evitar su desaparición, es la cesión o compra por parte de otras administraciones, empresas o particulares. Si en un breve plazo de tiempo nadie muestra preocupación e interés y realiza algún tipo de gestión, la desaparición de estos edificios es la crónica de una muerte anunciada. Con ello se perdería parte de la historia reciente tanto de estos pueblos como de la propia comarca Comunidad de Calatayud.

Mapa del tramo del Ferrocarril Santander-Mediterráneo entre Calatayud y el límite de la provincia de Soria, con las estaciones que comprendía.

El inicio de la línea gestionada por la Compañía del Ferrocarril Santander-Mediterráneo estaba en Calatayud. Allí contaba con una estación propia, CALATAYUD-RIBOTA, que ya no existe. Se trata del kilómetro 0,0 de la línea, a 531,6 metros de altitud sobre el nivel del mar. El edificio en sí se dedicaba al servicio logístico, siendo atendidos los viajeros en la contigua estación de Calatayud-Jalón. Ésta pertenecía a la línea entre Zaragoza y Madrid y estaba gestionada por la Compañía de Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante (MZA). Muy cerca también estaba la estación Calatayud-Jiloca, perteneciente a la Compañía del Ferrocarril Central de Aragón que administraba la línea entre Calatayud y Valencia.

En su trazado, atravesaba la vega del río Jiloca tomando dirección al norte. El terreno asciende ligeramente a medida que éste se adentra en la cuenca del río Ribota, el cual atraviesa una vez superados los seis kilómetros de recorrido. Desde la ciudad de Calatayud hasta el límite con el término municipal de Torralba de Ribota se ha reconvertido en vía verde, el único tramo acondicionado en la actualidad para el tránsito de bicicletas. A partir de este punto se comprueba el estado de abandono en el que se encuentra el trazado ferroviario.

Surca la vega baja del río Ribota, cerca de las tierras más fértiles, hasta alcanzar la primera de las paradas, CERVERA. Enclavada en el punto kilométrico 15,5 de la línea, con una altitud de 664,3 metros sobre el nivel del mar. Las primeras viviendas de Cervera de la Cañada se emplazan a tan sólo 250 metros de la estación. Se trata de la localidad de este tramo ferroviario con un emplazamiento más privilegiado para los viajeros. El conjunto está formado, en primer lugar, por la estación de viajeros, de dos plantas. En la inferior, con una amplia sala de espera, se atendía a los viajeros, mientras que la superior estaba dedicada a vivienda. Se le añaden a escasa distancia un almacén dotado de muelle y de cargadero ferroviario con vía propia en lateral opuesto. También contaba con otro edificio secundario para aseos.

Vista general de la estación de Cervera, con la estación y el almacén de mercancías, perteneciente al Ferrocarril Santander-Mediterráneo.
Vista general. Estación de Cervera
Sala de espera de viajeros de la estación de Cervera, perteneciente al Ferrocarril Santander-Mediterráneo.
Sala de espera de viajeros. Estación de Cervera
Almacén de mercancías de la estación de Cervera, perteneciente al Ferrocarril Santander-Mediterráneo.
Almacén de mercancías. Estación de Cervera

Avanzando por la vega, las vías del ferrocarril atraviesan el río Ribota pasando a su margen derecha. Poco después surge la segunda de las estaciones, VILLARROYA. Se alcanza el punto kilómetro 21,2, con altitud de 734,3 metros. En este caso se trataba de una estación similar a la anterior en cuanto a equipamientos. En la actualidad no queda nada de ella. Como mudo testimonio, sólo restan los pavimentos del edificio de viajeros, la construcción de los baños y la base elevada del almacén de carga. El pueblo de Villarroya de la Sierra se emplaza a medio kilómetro aproximadamente.

Solar, andenes y vías de la desaparecida estación de Villarroya perteneciente al Ferrocarril Santander-Mediterráneo.
Ubicación de la desaparecida estación de Villarroya
Poste kilométrico que marca la distancia de la estación de Villarroya de la línea de Ferrocarril Santander-Mediterráneo respecto a Calatayud.
Poste kilométrico junto a la antigua estación de Villarroya

Se remonta el valle y más delante, de nuevo, se produce un cruce a la margen opuesta del río, pasando pocos metros después sobre la carretera mediante un puente metálico. El río va perdiendo entidad a medida que se avanza. En su cabecera se alimenta del arroyo de la Vega, el cual atraviesa el trazado ferroviario. A partir de este punto acompañará por su margen izquierda al arroyo de Vallunquera, otro de los afluentes originales del río Ribota. En una zona encajada por unas pronunciadas laderas, se emplaza la estación de CLARÉS. Se llega aquí al punto kilómetrico 31,4 del trazado, a una altitud de 912,2 metros sobre el nivel del mar. Este edificio es de menores dimensiones y tenía la categoría de apeadero. Así, cuenta con sólo una planta construida con una pequeña sala de espera, donde se ofrecía el servicio a los viajeros. También contaba con una pequeña vivienda, todo en el mismo conjunto. A unos pocos metros contaba con otra pequeña construcción para Vía y Obras. La estación, visible desde la N-234, está situada junto a la carretera de acceso a Clarés de Ribota, situada a menos de dos kilómetros de distancia del pueblo. En la intersección de dicha carretera todavía se conservan algunos raíles de la antigua vía férrea.

Vista general de la estación de Clarés, perteneciente al Ferrocarril Santander-Mediterráneo.
Vista general. Estación de Clarés
Cartel indicador en azulejo de la estación de Clarés, perteneciente al Ferrocarril Santander-Mediterráneo.
Cartel indicador estación de Clarés
Uno de los escasos restos de raíles de la vía ferrea Santander-Mediterráneo, cerca de la estación de Clarés.
Resto de raíles de la vía férrea. Estación de Clarés

Sin perder de vista el discurrir sinuoso del cauce, marcado por la vegetación de ribera, el ferrocarril continuaba el ascenso hacia tierras sorianas con su trazado rectilíneo. La siguiente parada era MALANQUILLA, junto al punto kilométrico 36,3, rebasando los mil metros de altura, 1002,2 metros en concreto. Este edificio, como el anterior de Clarés, corresponde a un apeadero. Tiene similar distribución interior y también conserva a escasa distancia las ruinas del edificio de Vía y Obras. El emplazamiento de la caseta del guarda-agujas es igualmente identificable, pero actualmente ésta ha desaparecido. El actual trazado de la carretera Z-V-3443 que da acceso al pueblo desde la N-234, atraviesa el trazado en las proximidades de la estación y generó la desaparición de gran parte del andén de la estación. El casco urbano se localiza a unos dos kilómetros de distancia.

Visita general de la estación y los andenes de la estación de Malanquilla perteneciente al Ferrocarril Santander-Mediterráneo.
Vista general. Estación de Malanquilla
Cartel indicador en azulejos de la estación de Malanquilla perteneciente al Ferrocarril Santander-Mediterráneo.
Cartel indicador de la estación de Malanquilla
Sala de espera y zona cuadro de mando del interior de la estación de Malanquilla perteneciente al Ferrocarril Santander-Mediterráneo.
Sala de espera y zona de cuadro de mando. Estación de Malanquilla

Dejando atrás Malanquilla, el recorrido se acerca ahora a la carretera nacional, que acompaña al trazado a escasos metros, sin ganar apenas altura. Se llega de este modo a la última de las estaciones aragonesas del Santander-Mediterráneo. Tras bordear el casco urbano, el trazado alcanza la estación de TORRELAPAJA. Ubicada en el punto kilométrico 43,9, a 1004,8 metros de altura. A pesar de su estado de abandono, se trata de la estación mejor conservada de todas las visitadas en este tramo. De similares características a las de Cervera y Villarroya, cuenta un amplio conjunto de edificios. A la estación de viajeros de dos plantas, se le añade el almacén de carga y el edificio de aseos. El elemento más singular es el depósito de agua para la carga de las locomotoras de vapor. Su situación a cierta distancia de Calatayud obligaba a este tipo de equipamiento. Y más alejado se conserva otro pequeño edificio. A pesar de que la línea férrea discurre en línea recta a 300 metros del pueblo, la estación fue ubicada en un paraje más alejado, a 1,3 kilómetros. A partir de este punto, en apenas dos kilómetros el trazado ferroviario se introduce en tierras sorianas en su ambicioso objetivo de llegar a la costa cantábrica, que nunca llegó a alcanzar.

Vista general de la estación de Torrelapaja con la estación, el edificio de aseos y el depósito de agua, perteneciente al Ferrocarril Santander-Mediterráneo.
Vista general. Estación de Torrelapaja
Interior de la estación de Torrelapaja perteneciente al Ferrocarril Santander-Mediterráneo.
Interior. Estación Torrelapaja
Interior del almacén de mercancías de la estación de Torrelapaja del Ferrocarril Santander-Mediterráneo.
Interior del almacén de mercancías. Estación de Torrelapaja

Cuando en el tránsito a, o desde nuestros pueblos, pasamos junto a estas estaciones de ferrocarril, un sentimiento de melancolía y casi de resignación se apodera de nosotros. Es una auténtica pena contemplar su situación de ruina por el paso del tiempo, el desuso y la falta de atención por parte de sus propietarios. Si esas paredes pudieran hablar, sin duda nos hablarían de las innumerables vivencias, anhelos e ilusiones de todas aquellas personas que en su día les dieron vida. Muchas de estas personas ya nos dejaron, pero otros muchos, ya mayores, todavía mantienen un recuerdo vivo de aquel tiempo. En nuestro debe está poder ponerlo en valor. Quizás sea el momento de dar un paso adelante.

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