.

Coincidiendo con el primer aniversario de la puesta en marcha de las Visitas Guiadas al Molino de Viento, Malanquilla Rechita da un paso más en su apuesta por poner en valor este elemento patrimonial del pueblo, con el estreno de las Visitas Teatralizadas a cargo de su grupo de voluntarios.

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es MOLINERA-EN-MOLINO.jpg

Este nuevo reto ha supuesto un importante trabajo de documentación, elaboración de guión, intensas jornadas de ensayo, así como de definición y confección de vestuario, que es el objeto del presente artículo.

Con todas las dificultadas propias del paso de los siglos, pero a la vez con todo el respeto, la pretensión de Malanquilla Rechita siempre ha sido la de acercarnos lo máximo posible a lo que pudo llegar a ser una realidad en aquel tiempo, partiendo de la base de que la indumentaria del molinero o molinera no está documentada en el caso de Malanquilla, ni de buena parte de España.

Entrando ya en materia, una de las cuestiones que siempre hay que tener en cuenta a la hora de vestir la indumentaria tradicional, y que en ocasiones no se suele tener lo suficiente en cuenta, es la época o momento cronológico en que se lucían las prendas o trajes que se pretende reproducir.

Según documentación encontrada sobre el Molino de Malanquilla se cree que su construcción fue sobre el tercer tercio del siglo XVI. Para tratar de situarnos, damos a continuación unas breves pinceladas del marco económico y social de aquel tiempo.

Tras la explosión demográfica del siglo XIII, la situación de Europa cambió radicalmente en el siglo XIV con pestes, guerras y hambrunas como la de 1316, que diezmaron notablemente la población. Todo ello no detuvo la reorganización de poderes, con el aniquilamiento de la nobleza feudal y el nacimiento de la burguesía (comerciantes, industriales, navieros, banqueros, prestamistas…), dándose impulso de este modo al proceso iniciado en el siglo XIII de cambio de modelo de sociedad.

No es hasta mediados del siglo XV cuando Europa empieza de nuevo a poner sus motores a pleno rendimiento. Entramos en la Edad Moderna, con los cambios que ésta representa: grandes descubrimientos, avances tecnológicos y rotura de moldes de pensamiento.

El XVI en Aragón, es un siglo de alza demográfica y de crecimiento económico generalizado. Se incrementa la producción industrial, crecen los intercambios comerciales (sobre todo de lana, el oro blanco), el crédito se generaliza, en todas las actividades aparecen grandes expectativas de beneficios y aumenta la producción agrícola en aras de satisfacer la demanda alimenticia de una población en aumento.

Así pues, el siglo XVI en Aragón fue testigo de un cambio cultural que está en relación con el final de la Edad Media y el comienzo de la Edad Moderna.

Para hablar de la moda cristiana en la sociedad aragonesa del siglo XVI, es interesante poder considerar varias cuestiones:

– Hay poca documentación sobre este periodo concreto y gran parte de la información encontrada se localiza en obras de arte como retablos, pinturas, retratos o actas notariales de defunción o herencia.

– Las clases altas o adineradas buscaban formas de diferenciarse de las clases bajas a través de la moda y ello, unido a un momento de esplendor económico producido por el descubrimiento del “Nuevo Mundo” hacía que estas clases encargasen a los sastres, elegantes trajes que los diferenciase. Destacaban los tocados en las mujeres, los sombreros, las telas floreadas, los corsés y chapines (calzado femenino de lujo, sin talón con gruesa suela de corcho). En los hombres, los sombreros o las hombreras también eran símbolo de distinción social.

– Los maestros artesanos o de obras, también buscaban diferenciarse con otros grupos de artistas y entre ellos, dependiendo del rango que cada uno ocupase, quizá por el afán de ascender dentro de su escala social.

Los cambios de moda nunca fueron radiales desde el punto de vista estamental. Mientras nobles y caballeros pretendían ir a la moda, la sociedad rural sólo podían seguir algunos detalles de esta.

El traje o indumentaria de los habitantes del medio rural se mantuvo durante largos periodos de tiempo sin sufrir apenas variaciones. En sus prendas, había gusto por los colores sombríos entre las personas de más edad y viudas y por el predominio de un único color en cada traje. Los colores más llamativos se asociaban a los jóvenes, así como el blanco para los recién nacidos.

A finales de la Edad Media se empezó a marcar diferencia entre la indumentaria de mujeres y hombres. La mujer utilizaba un traje abierto y largo hasta los pies, (aunque en algunos escritos de viajeros o comerciantes destacaban que las mujeres de la zona de Cariñena y otras zonas de Aragón llevaban los trajes o faldas por el tobillo). Por su parte, el hombre empezó a utilizar prendas de piernas separadas como calzas o calzones, lo que le permitía una mayor libertad de movimientos.

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es TRAJE-MOLINERA_LAMINA-EDAD-MEDIA.jpg

Teniendo en cuenta el gran periodo de tiempo de convivencia entre judíos, árabes y cristianos bajo mandato de los Reyes Católicos, fueron coetáneos diversos estilos de indumentaria como las siguientes: 

– Trajes típicamente medievales, sobre todo utilizados por las clases bajas de la sociedad, especialmente en el ámbito rural.

– Trajes de influencia morisca, con filigranas y detalles que definirían estilos.

– Trajes de las clases altas.

Entre todas las tendencias también se daban mezclas de estilos por parte de aquellas clases intermedias como podrían ser artesanos, maestros, etc…, que buscaban el acercamiento a clases superiores a través de la imitación de estas por medio de la moda.

En la época en la que ya se tiene constancia de la existencia del Molino de Viento de Malanquilla, 3er tercio del siglo XVI, la indumentaria tenía ligeras influencias árabe y judía, pero con notable similitud con lo que hoy conocemos como trajes regionales aragoneses.

Aunque todo el mundo en mayor o menor medida podía acceder a ir adecuadamente vestido, no se disponía de gran fondo de armario, ni se renovaba el vestuario con la espontaneidad que se hace hoy en día. Las prendas se empleaban prácticamente hasta que se deshacían, sobre todo las de uso diario, remedándolas cuando fuera preciso, transformándolas y adaptándolas a las necesidades del momento.

Por aquel entonces se solía llevar bastante ropa, tanto por cuestiones de temperatura como por, sobre todo en el caso de las mujeres, no dejar a entender su figura. Por otro lado, los tintes empleados eran naturales (verdes, marrones, ocres, negros, blancos) y estaban hechos con diferentes mezclas de hierbas y cortezas de árboles, llegando incluso a mezclarlos con orines de los animales para que se fijaran más.

Llegados a este punto y como el personaje principal en la recreación teatralizada de Malanquilla es femenino, se listan a continuación las prendes de la Molinera.

– Ropa interior femenina: Quizote, Enaguas y Medias.

– Ropa exterior femenina: Corpiño, Mantonet o Mantón corto, Sobre-enagua, Refajo, Saya, Delantal, Alpargatas, Toca o Pañuelo para la cabeza

Las distintas prendas, por orden de incorporación a la vestimenta, serían las siguientes:

Traje Molinera. Quizote
Traje Molinera. Enagua
Traje Molinera. Corpiño
Traje Molinera. Refajo
Traje Molinera. Saya
Traje Molinera. Delantal y Manto corto

En éste caso pensamos que sería de color blanco, posiblemente del mismo tipo del que estaba hecho el delantal de hilo parecido al lino, y así lavarlo con más frecuencia.

Como dato adicional no menor, queremos resaltar que la totalidad de la confección del Traje de la Molinera de Malanquilla ha sido llevaba a cabo por una hija del pueblo, Merche López Gómez. Merche, desde Malanquilla Rechita queremos darte las gracias por todo tu saber, tus consejos, tu inmejorable predisposición y el cariño y sumo cuidado con el que has llevado a cabo esta creación.

Traje Molinera elaborado por Merche López Gómez